Hoy al darte las buenas noches y despedirme , me despedí también de una idea. Una idea que sembraste en mi mente en el momento en que nos conocimos. Una idea que nos involucraba a nosotros, a ti y a mi, juntos.
Esta noche he derrumbado cada uno de los muros del mundo que construí para nosotros. Tardé poco más de un mes en construirlo y tenerlo todo listo. Añadí todos los detalles que pensé que te gustarían, y también todos los que no, porque, nuestro mundo, al igual que nosotros, sería imperfecto. Y pensándolo bien, eso no importa mucho, porque lo importante es que era nuestro y podíamos hacer lo que nos placiera en él.
Había creado un mundo en el que no teníamos que estar felices todo el tiempo. Ambos sabemos cómo consolar al otro, y, aunque no fuese así, no se tiene que estar siempre contento. A veces las cosas salen como lo planeamos y a veces no. En este mundo creceríamos y maduraríamos, pero no cambiaríamos. No habría comerciales ni propagandas, porque adoro cuando tú eres la única idea que ocupa mi mente.
Cada habitación contaría con una biblioteca, una cocina, y, ¿porqué no? una cama o sofá también. Ambos sabemos que comer y dormir eran dos de las cosas que más disfrutábamos.
Como quiera que fuese, eso ya no importa ahora, ya que esa idea fue trasplantada a una maceta donde puede crecer sin meterse en la cabeza de nadie más. O sí. O no. Bueno, la trasplanté aquí. Al blog. Sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario