Hoy, mientras nadaba con delfines, fui secuestrado por uno de ellos. El astuto delfín me llevó hacia su utópica ciudad submarina, Delfinlandia. Una vez allí fui guiado a través pasajes y grutas hasta lo que parecía ser la cueva donde vivía el manda-más de esa tribu (Tribu de los delfines que hablan). Entramos y después de presentarnos me dijo que yo era el elegido. "¿Elegido para qué?", le pregunté. Justo cuando terminé de hablar recibí un par de bofetadas de los delfines que me habían llevado hasta ahí. Entonces, el líder de los delfines me dijo que solo hablaría cuando se me pidiese que lo hiciera.
Después de un tedioso monólogo y de soportar por horas las ganas de llorar, se me encomendó una misión. El extraño delfín recitó de memoria y paso por paso un plan pensado y elaborado para asesinar a Ricardo Arjona. Imaginen mi emoción al escuchar tal cosa. Fue tanta que no supe qué hacer, pero no se preocupen, no exploté. Solo reí a carcajadas.
Al verme reir, el líder delfín enfureció y perdió los estribos. Estuvimos buscando los estribos por horas y horas hasta que los encontramos. Se enojó tanto que casi le da un infarto. Así que ordenó a sus séquitos golpearme, borrarme la memoria y llevarme de vuelta a la superficie. Después de la paliza y justo antes de que me borraran la memoria, le di un bello abrazo y un hermoso beso al delfín que iba a borrarme la memoria, los cuales confundieron al delfín ocasionando que éste ....
... explotase.
FIN
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